Recuerda que tenemos productos que te pueden ayudar a tener una vida más sana.

El hambre como necesidad física o psicológica

No por nada México es uno de los países con el problema severo de salud que es la obesidad.
Preguntándonos los factores que intervienen llegamos a respuestas como estas:
para muchos el impulso de comer resulta inevitable, sobretodo en situaciones en las que tenemos alguna preocupación.

¿Cuántos hemos tomado un puño de palomitas, galletas o papas en algún momento difícil?

Podemos intentar “portarnos bien”, cuidar las calorías, eliminar la grasa de nuestras dietas, pero cuando menos nos damos cuenta ya estamos a la mitad de una bolsa de palomitas. Lo cierto es que caemos en estos malos hábitos por diversas razones principalmente las EMOCIONALES (ansiedad, enojo, depresión, preocupación, tristeza, ansiedad, soledad, cansancio emocional, desamparo entre muchos otros).

Lo peor es que esto provoca frustración y una sensación de falta de fuerza de voluntad; según estadísticas del Instituto Nacional de la Salud de E.U. (reportadas en 1992) el 99% de las personas que hacen dietas, recuperan el peso perdido en un par de años después de haberse sometido a un régimen alimenticio. Lo que no nos dicen estos resultados, es lo que causó dicho fracaso.

Algunas personas si alcanzan a comprender que su forma incontrolable de comer se debe a una reacción relacionada con los niveles de estrés a los que se someten a diario. Frecuentemente, cuando nos sentimos abrumados por las emociones, recurrimos a la comida para calmarlas. El estrés genera una HAMBRE PSICOLÓGICA que parece insaciable, sin tomar en cuenta qué tan lleno esté nuestro estómago.

Esa tensión emocional nos hace olvidar qué es lo que nos hace bien o nos nutre y tendemos a comer aquellos alimentos que nos hacen daño o simplemente nos engordan sin alimentarnos y esa tensión emocional es la que hace que "echemos a la basura" meses de trabajo ejercitándonos o bajo rigurosos regímenes dietéticos.

Las siguientes preguntas nos pueden hablar de nuestros hábitos de la vida cotidiana:

-¿Te acuerdas de masticar la comida lentamente?
-¿Al comer, pones los cubiertos en el plato mientras masticas los alimentos?
-¿Prácticas algún ejercicio cuando te sientes abrumada(o) por tanta tensión de la vida moderna?

Al contestar esas preguntas puedes darte cuenta qué tanto te cuidas y de qué forma canalizas tus sentimientos, sobre todo el estrés.

Desgraciadamente los consejos que suelen darse en cuanto a la alimentación no suelen ser eficaces al no considerar el manejo de emociones y muchas veces esa necesidad incontrolable de comer se da por la presencia de factores biológicos.

Esa necesidad puede generarse por los cambios neurológicos que se suscitan cuando algo nos molesta.

De hecho no son las dietas, el autocontrol o la fuerza de voluntad, lo que nos ayudará, sino solo el comer lo que necesitamos en el momento adecuado.

Actualmente es una pena que los mexicanos figuremos entre los países con el problema de la obesidad, y no es casualidad, mucho tiene que ver con la carga emocional que ponemos en los alimentos y los malos hábitos que solemos llevar.

Según estudios realizados en el MIT, se ha descubierto que hay 2 formas de hambre:
la psicológica: necesidad de protección o de llenar un vacío emocional.

Física: que se satisface al comer variedad de alimentos que no solo nos dan calorías, sino también nutrientes; se trata de la necesidad auténtica de nuestro cuerpo; y

Psicológica: que solo calmamos comiendo los alimentos que renueven y restablezcan nuestro suministro de los neurotransmisores necesarios en el cerebro se puede calmar, lo cual solo se consigue comiendo alimentos que generen estos cambios como: el pan dulce, donas, pasteles, dulces, galletas, panques, pastas, cereales, tortillas, palomitas, o podemos aprender a hacerlo con alimentos más sanos como sería el pan integral (centeno, avena, trigo) tortillas integrales, cereales integrales, frutas como uvas fresas, arándanos, melón, cerezas, toronja, naranja, papaya, duraznos, peras, ciruelas, piña, mandarina (en porciones pequeñas o una fruta por comida).

El hambre psicológica se genera la mayoría de las veces, por estados emocionales como los causados por el estrés al que nos enfrentamos todos los días. Comemos para tratar de restablecer la producción del químico, pero tarda un buen rato en digerirse en el estómago y más en llegar el mensaje al cerebro de que ya tenemos lo que necesitábamos y, ante esta necesidad del cerebro, poco puede hacer nuestra voluntad y de hecho, uanque tratemos de satisfacerla con otro alimento, es probable que sigamos comiendo o se nos siga presentando la necesidad, esto por que requerimos alimentos que logren aportar este neurotransmisor en el cerebro.


Gracias a investigaciones se logró descubrir que el hambre provocada por malestares emocionales es específica a carbohidratos y que al comerlos, mejora la disposición de las personas, ya que se dejan de sentir irritables, tensos, confundidos, fatigados etc. Y cuando hay lapsos prolongados de estrés en una persona, la necesidad de producir serotonina en el cerebro aumenta enormemente. La serotonina se ha usado con distintos padecimientos psicológicos o psiquiátricos, así que es similar el bienestar que conseguimos al comer alimentos que la generan.

Recomendaciones:
Lo primero, es poder identificar qué situaciones o en qué momentos comenzamos a sentir esa necesidad imperiosa de comer; qué factores intervienen cuando nos sucede. Debemos comenzar con reconocer que el estrés emocional afecta nuestro cerebro y eso puede dar como resultado una necesidad incontrolable de comer.

Hacer uso de nutracéuticos, considerados como alimentos que no sólo nutren al cuerpo sino que actúan en emociones, ánimo, memoria; que nos pueden ayudar si nuestro caso no es muy grave.; los alimentos que han demostrado ayudar a generar el neurotransmisor que buscamos (serotonina) son los carbohidratos, pero por salud general se sugiere comer los que no sean refinados (como harinas blancas, alimentos procesados o con azúcar refinada) sino los complejos (fibras, harinas integrales, pastas, alimentos bajos en grasas y endulzados con lo más natural).

El efecto después de comer un carbohidrato se dará después de 30 minutos y podrá durar hasta 3 horas, además solo es necesario comer de 40 a 50 gramos para conseguir el efecto.

Lo importante es acostumbrarnos a comer estos alimentos en los momentos del día que sean requeridos, no en todas las comidas y no llenarnos de comida mientras logramos el efecto, esto porque la necesidad de esa “sustancia” en el cerebro a veces tarda en ser satisfecha, y podemos llenarnos de alguna comida poco nutritiva y lo hacemos de manera descontrolada hasta el grado de sentir dolor.

Al seguir estas recomendaciones podremos satisfacer el hambre psicológica y mantener constantes los niveles de serotonina, lo cual estimulará nuestro propio sistema de manejo de estrés, y a la vez nos permitirá controlar lo que comemos. No hay que olvidar cuidar la cantidad de grasa que acompañe a los carbohidratos y que no se trate de productos refinados, así como no combinarlos con proteínas porque eso hará que no funcionen. Las proteínas podemos comerlas en otros momentos, como en el desayuno o la comida más fuerte que hagamos durante el día, porque no deben faltar en nuestra alimentación y hay momentos del día en los que no requerimos este efecto “calmante”. Las grasas, que deben ser pocas durante el día, que sean ingeridas en otras comidas, tampoco combinadas con los carbohidratos y de preferencia las que ahora se reconocen como necesarias (que son llamadas Omega 3 y Omega 6).

Este programa alimenticio implica ir acostumbrando a nuestro organismo a conseguir el efecto tranquilizante en el tiempo que tarda liberarse el neurotransmisor y se hace disponible en el cerebro. (Justo como hacen las píldoras de liberación prolongada y aquellas que tomamos para dolores, que su efecto se consigue a los 30 mins, aproximadamente), por lo que requiere de nuestro auto-conocimiento y apertura al cambio de nuestros hábitos.

Fuente: Judith Wurtman. THE SEROTONIN SOLUTION

 

 

 

 Programa de radio: Hambre psicológica